El Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la Compañía de María-Marianista y titular de nuestra Hermandad de la Santa Vera Cruz, tiene una historia muy bonita con la Virgen del Pilar.

En 1797, José Guillermo Chaminade, se vio obligado a huir desde tierras francesas a Zaragoza, donde permaneció durante tres años. Allí, junto a la Virgen del Pilar, forjó sus convicciones mariano-apostólicas y recibió la inspiración de fundar una familia de laicos y religiosos a la Virgen María.

La etapa de Zaragoza fue un tiempo de intensa experiencia espiritual, de profunda influencia de María en el Beato Chaminade. Descubre un designio divino sobre él. Ve con mayor luz el papel de María en la historia concreta de la salvación. Y, sobre todo, esboza un proyecto pastoral, un método misionero para recristianizar Francia, a su vuelta del exilio. Este proyecto pastoral consiste ante todo en la congregación mariana de seglares, que es lo primero que va a poner en práctica en Francia. Y va a estar 16 años sin pensar ni escribir nada sobre vida religiosa. Quiere volver a Francia como misionero apostólico, no ligado a una diócesis, como los apóstoles en tiempos de los primeros cristianos.

Todo esto supone en el Beato Chaminade un cambio notable de rumbo en su vida. Desde este momento se va a convertir en creador, en auténtico fundador. Pero primero y principalmente de grupos de seglares asociados en comunidades o congregaciones de María Inmaculada. Y solo mucho después, de Órdenes religiosas, que nacieron en función y al servicio de esos grupos de seglares.

La inspiración dada al Padre Chaminade fue tan viva y detallada, que años más tarde pudo decir a sus primeros religiosos: «Lo mismo que os veo ahora delante de mí, así os vi en espíritu en Zaragoza, mucho antes de la fundación de la Compañía. Fue María la que concibió el proyecto de la Compañía. Fue ella la que echó sus cimientos y continuará su presencia en ella»

Es por lo tanto esta estancia en Zaragoza y sus muchos ratos de oración ante la Virgen de El Pilar, los que marcan el espíritu de nuestra Familia Marianista. Un sueño del Beato Chaminade, que hoy sigue presente. ser Misioneros de María.



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