Buenos días. Hoy es 30 de Julio, DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO.

 Texto del Evangelio (Mt 13,44-52):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.

»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

»También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

»¿Habéis entendido todo esto?». Le dicen: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo».

Palabra del Señor.

Reflexión:
El Reino de Dios es un tesoro tan inmensamente valioso que realmente no podemos comprenderlo. Estamos tan acostumbrados a vivir según los criterios del mundo, que no sabemos valorar correctamente los tesoros que Cristo nos ofrece, y nos privamos de recibir los magníficos dones que él desea darnos.

La parábola de la red de pescar representa al Reino de Dios en la tierra como un conjunto de personas buenas y malas, justas e injustas. Al final de los tiempos se hará la separación completa y sólo permanecerán los buenos, justos y santos. Mientras avanzamos hacia ese tiempo, Dios nos invita a cooperar con él, esforzándonos para discernir el bien y el mal en nuestro propio corazón.

Posiblemente nos agrade saber que el Señor no se limita a darnos la bienvenida a su Reino por medio del Bautismo, para luego dejarnos sin saber qué rumbo tomar en la vida. No, el Señor nos enseña a discernir el bien y el mal y nos capacita para crecer en santidad mediante los sacramentos, la enseñanza de la Iglesia, la oración personal y la ayuda fraterna de nuestros hermanos en Cristo.

Mientras mejor aprendamos a escuchar la voz de Dios, que nos habla mediante la Escritura y la Iglesia, mejor actuará el Espíritu Santo para enseñarnos, alentarnos y transformarnos. El verdadero discernimiento espiritual no depende sólo de la inteligencia humana, sino de la sabiduría espiritual que adquieren los humildes y pequeños, a quienes Dios les ha dado la capacidad de entender los misterios que han estado escondidos “por edades y generaciones” (Colosenses 1, 26).

Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos entender las parábolas de Jesús y poner en práctica sus enseñanzas. A medida que conozcamos mejor al Autor de estas parábolas, podremos discernir su significado con más confianza.

“Amado Jesús, concédeme la gracia de tener una amistad vivificante contigo, que me lleve a conocer mejor tu Reino aquí en la tierra y en el mundo futuro.”

FELIZ DOMINGO. FELIZ DÍA DEL SEÑOR.

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